Características y simbolismo de la pintura y escultura románicas: Una visión espiritual

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Características de la pintura románica

La pintura románica se distingue por su carácter narrativo y su profundo valor simbólico. Para lograrlo, se perfilan las figuras con trazos gruesos y se aplican colores planos. Una luz que emana de las propias figuras, y no del exterior, contribuye al simbolismo místico, concibiendo la luz como luz del espíritu, una luz interior.

No hay movimiento real en las imágenes. Se prescinde de cualquier vinculación realista con relaciones de proporcionalidad o recursos de perspectiva. Las imágenes se simplifican en un magnífico esfuerzo de síntesis, y se enfatizan los símbolos con efectos de color, expresivos o de proporción. Incluso se emplean convencionalismos propios de un arte ideográfico: pies en V, pliegues simétricos, sensación de profundidad transmitida mediante la superposición de cabezas, sensación de movimiento a través de la repetición paralela de los gestos, etc.

Las composiciones son simples y regulares, predominando las simétricas. En el ábside central se ubica el Pantocrátor o la Virgen; en los muros laterales, narraciones del Antiguo y del Nuevo Testamento. En cuanto a las técnicas, se utiliza predominantemente el fresco. Los soportes pictóricos son las propias paredes del edificio y, en ocasiones, la pintura sobre tabla, sobre todo en los antipendios del altar.

Características de la escultura románica

La escultura románica está supeditada a la arquitectura, adaptándose a la forma de los capiteles, columnas, arquivoltas, canecillos y, en general, a todo espacio arquitectónico que ocupe. Esto conlleva una serie de características formales propias: hieratismo, rigidez, ausencia de movimiento, etc. A su vez, el fuerte contenido religioso del arte románico explica su gradación jerárquica, sus temas e iconografía.

Ese mismo sentimiento religioso modela una expresión plástica en la que prima el sentido místico de la vida y el alejamiento de las realidades mundanas, lo que establece dos principios fundamentales: un fuerte expresionismo y un marcado antinaturalismo. Por todo ello, el arte románico es esencialmente espiritual, que debe interpretarse con los ojos del espíritu y no simplemente con la vista. Es un arte intelectual, que transmite contenidos ideográficos, un arte místico.

Es un arte simbólico que, para facilitar su lectura, reduce sus representaciones a meros esquemas, convirtiéndose a veces en un arte casi abstracto. La ubicación espacial está marcada por la jerarquización de los temas: los Pantocrátor o Cristo en Majestad y los Cuatro Tetramorfos (representación simbólica de los cuatro evangelistas) normalmente se sitúan en los tímpanos; en una posición menos relevante, otros temas como la Ascensión, los veinticuatro ancianos, etc. También se decoran las arquivoltas, las jambas y los capiteles con temas diversos, desde motivos vegetales o geométricos hasta temas historiados, pasando por el recurso habitual del bestiario e imágenes de santos.

No toda la escultura de la época es monumental; existe también escultura exenta de pequeñas tallas en madera, y obras de marfil u orfebrería. Destacan dos temas iconográficos:

  • Cristos (Majestas Domini): Caracterizados por su hierática rigidez, muy simétricos en su disposición, con cuatro clavos, ojos muy abiertos y actitud serena.
  • Virgen con el Niño (Theotokos): Las imágenes son igualmente rígidas, presentando a la Virgen como Madre de Dios con el Niño, quien adopta gestos y actitudes de adulto.

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