Sistemas Económicos y Políticos: Un Análisis Comparativo

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Los Sistemas Económicos Arcaicos: Autosubsistencia y Precapitalismo

Existen espacios en la Tierra que permanecen ajenos al capitalismo global, zonas en las que miles de personas permanecen ancladas en estructuras muy básicas. Hablamos de pueblos como los san (bosquimanos del Kalahari), los indios amazónicos, los sami de Laponia, los inuit del círculo polar ártico o incluso aborígenes australianos.

En esos desiertos y estas selvas, tribus tradicionales de efectivos muy reducidos mantienen una relación mágica y no económica con la Tierra. Siguen con sus actividades de caza, pesca y recolecta, o de vida nómade en espacios de severa adaptación climática. En ocasiones, las recientes generaciones entraron en contacto pleno con el capitalismo o con la “protección estatal” que las mantiene como “elemento exótico” para elaborar artesanías típicas o guiar a turistas por el espacio autóctono.

Los Estados incluso subvencionan a algunas de estas poblaciones, proporcionándoles ocio y alcohol para “sobrellevar” las depresiones psicológicas de la gente que no puede ejercer su modo de vida tradicional. Ese modo de vida arcaico era muy respetuoso con el planeta Tierra, algo que está cambiando con el hipercapitalismo y la destrucción de selvas para sembrar cultivos destinados al mercado internacional.

El sistema económico en el que viven miles de estas personas es de autosubsistencia, en tierras compartidas, o en los que la propiedad se lleva a las espaldas (piénsese en los mongoles que cargan sus bienes en las cabañas tradicionales desmontables, las yurtas). Pero cada vez existen menos de estos espacios; los Estados intentan reducir los territorios habitados por las poblaciones indígenas, arrogándose la protección sobre ellos. Un buen ejemplo de este tipo de situaciones sería la de los san, que fueron expulsados de sus tierras cuando descubrieron diamantes en el subsuelo en el que habitaban.

A esta población nativa solo les queda luchar por lo suyo en la justicia, una justicia que paga el propio Estado que los quiere expulsar. En las sociedades primitivas, la gestión de tierras y beneficios se hace comunalmente, por parte de la tribu. La propiedad privada se ciñe a los bienes más personales. El individualismo capitalista quiebra este sistema una vez que las nuevas generaciones se integran en el modo de vida dominante.

El Sistema Económico Capitalista

En la actualidad, predomina en el planeta Tierra una organización económica capitalista, en la que el respeto a la propiedad y las iniciativas privadas son esenciales. Pero, incluso dentro del capitalismo, hay tendencias diferentes, que restringen o aumentan la libertad de los individuos en función del poder de la maquinaria estatal. En el siglo XXI, el triunfo del libre mercado llegó a antiguos países socialistas que restringieron la propiedad privada; tal es el caso de China, que la ha impulsado desde finales del milenio anterior, o la antigua URSS, primer estado en nacionalizar los medios de producción (tierra, fábricas, herramientas…), que desapareció en 1991 dejando como heredera principal a Rusia.

Casi todo el mundo vive en un sistema económico en el que:

  • La mano de obra es libre y asalariada.
  • El capital es predominantemente privado.
  • Las decisiones dependen, sobre todo, de las empresas, que buscan siempre el máximo beneficio económico.

El sistema capitalista permite, también, la existencia de empresas privadas o públicas (aquellas en las que la gestión también depende del Estado). Según el tamaño, estas empresas pueden ser:

  • Pequeñas: menos de 50 trabajadores.
  • Medianas: de 50 a 250 trabajadores.
  • Grandes: más de 250 empleados.

Los mayores salarios y oportunidades suelen darse en las empresas grandes, que tienden a controlar el mercado con sus producciones.

Las Bases Ideológicas del Capitalismo

La propiedad privada se reguló formalmente en el derecho romano, aunque el mercado tardaría en desarrollarse. Fue escaso en la Antigüedad y en la Edad Media, pero creció con los descubrimientos geográficos de los siglos XV y XVI. Los mercantilistas eran de la idea de que un estado era rico si exportaba mucho e importaba poco. Pensaban que la base de la riqueza era una acumulación de metales preciosos. Con la afluencia del oro y la plata americanos a Europa, los precios se elevaron. Ya en el siglo XVIII, el liberalismo económico se abrió paso con los fisiócratas, que serían grandes impulsores del no intervencionismo estatal y de potenciar la agricultura. Y he aquí que, inmediatamente después, surge la teoría de Adam Smith, que implanta la semilla teórica del capitalismo moderno.

Una Evolución del Capitalismo

La evolución del capitalismo desde el siglo XVIII fue constante. En el siglo XIX, la intervención del Estado en la economía fue más bien escasa. Con la implantación de la URSS, y por influencia de su intervencionismo socioeconómico, los estados occidentales comenzaron a proponer economías mixtas que incluyeron la creación del estado del bienestar. A partir del siglo XX, el capitalismo comienza a ser dominante en todo el mundo.

La Globalización Económica y la Difusión del Capitalismo

Una economía capitalista tiene como bases la propiedad privada de los medios de producción, favorecer la libre iniciativa empresarial y obtener el máximo beneficio personal.

En la evolución del sistema, la tendencia fue hacia la concentración de capitales y el aumento de la desigualdad. Estas tendencias se acentuaron con la globalización económica, provocando que a día de hoy el capitalismo genere los siguientes efectos:

  • Potencia el consumismo.
  • Promueve la deslocalización industrial.
  • Fomenta un desarrollo depredador e insostenible en nuestro planeta.
  • Crea paraísos fiscales que escapan al control de las haciendas estatales.
  • Incrementa la desigualdad socioeconómica entre clases y países.

El método más eficaz para “crear necesidades” en la población es una publicidad que se difunde a través de los medios de comunicación de masas de forma repetitiva.

Las grandes empresas privadas tienden a buscar la maximización de beneficios, contratando mano de obra con salarios bajos. Estos salarios bajos se dan, sobre todo, en países menos desarrollados, por lo que las empresas tienden a desplazarse hasta allí. La consecuencia de esta deslocalización es que en los países ricos descienden los salarios medios y aumenta la precariedad entre la ciudadanía.

La demanda global de productos aumenta, y eso lleva a deforestar superficies enormes de selvas tropicales; unas tierras destinadas a la producción de cereales y ganado para ser vendidos en los países más ricos. La destrucción de selvas vírgenes agranda los problemas medioambientales.

La difusión de los mercados online y la existencia de estados pequeños favorecen la escasa tributación fiscal. La recaudación de los estados disminuye debido a que capitalistas privados y empresas asientan sus sedes en esos paraísos fiscales.

La desigualdad entre ricos y pobres aumenta constantemente. Las mayores fortunas están cada vez más distantes de los salarios de la clase baja, y la clase media tiende a reducirse en Norteamérica y Europa occidental. El 10% más rico controla el 90% de los recursos totales.

La desigualdad también aumenta entre países. Aquellos más pobres y dependientes del sector primario para exportar ven cómo los precios de sus materias primas se mantienen o descienden en el mercado internacional. Por el contrario, los países más desarrollados —productores en esencia de bienes manufacturados que cada vez son más caros en el mercado internacional— tienden a ser cada vez más ricos y acreedores de los pobres. Los desarrollados prestan ayuda a los menos desarrollados a cuenta de unos intereses muy grandes, que hacen crecer su deuda externa de forma desproporcionada.

El Sistema Económico Comunista

Las Bases Ideológicas del Sistema Comunista

En 1848, Marx y Engels publicaron el Manifiesto Comunista. Propusieron la revolución como forma de transformar la sociedad y el sistema económico. De su pensamiento arranca el socialismo revolucionario, que pretendió más tarde en Rusia y China instaurar el comunismo, una alternativa al capitalismo dominante.

La teoría marxista apuntaló una serie de ideas fundamentales:

  • Cada sistema económico se caracteriza por un modo de producción, que analiza el papel de propietarios (latifundistas romanos, señores feudales, capitalistas burgueses) y trabajadores (esclavos, siervos, proletarios) en cada época de la historia.
  • En todo momento acontece, por lo tanto, una lucha de clases entre la clase dominante y la dominada. El único modo de cambiar la sociedad es la revolución.
  • En el capitalismo del siglo XIX, el proletariado percibe un salario inferior al valor creado con su trabajo. El capitalista se apropia, por lo tanto, de la plusvalía.
  • La revolución socialista llevará al establecimiento de una dictadura del proletariado, fase intermedia en la que deben nacionalizarse los medios de producción (la tierra, la banca, las empresas), eliminar la propiedad privada e instaurar el control de la economía por parte del Estado. Esta fase sería intermedia, antes de la llegada del comunismo definitivo, en la que el reparto de bienes se haría según el principio de “a cada quien según sus necesidades”.

La Ideología Comunista: Ejemplos Reales

La experiencia breve de la Comuna de París, en 1871, no pudo establecer una verdadera organización del estado marxista. Habría que esperar hasta la Revolución bolchevique de 1917 en Rusia, de la que nacería la URSS, un estado federal de repúblicas socialistas. También, la proclamación de la República Popular China, en 1949, aumentó el número de habitantes del mundo bajo regímenes a sí mismos llamados comunistas.

Cuba y Corea del Norte también fueron estados que asumieron este tipo de organización estatal. Hoy en día, entre los países exclusivamente comunistas solo podemos contar a Corea del Norte, ya que otros que lo fueron en el pasado adoptaron también estructuras capitalistas de economía de mercado.

Corea del Norte permanece como un régimen comunista de planificación y propiedad estatales. China avanzó, desde finales del siglo XX, hacia la implantación de una economía de mercado capitalista, que permite la propiedad privada coexistiendo con la del Partido Comunista, el principal dueño.

Aunque el “socialismo marxista” no tenga una notable expansión en el mundo actual, algunas de sus características (planificación indicativa, propiedad pública) fueron adoptadas por las economías mixtas que hoy predominan en el planeta. En Israel, por ejemplo, se crearon de forma voluntaria —después amparadas por el Estado— comunidades agrícolas (los kibutz), unas agrupaciones que fomentaron la propiedad colectiva y los salarios igualitarios de sus miembros. Otro ejemplo sería el del Estado vietnamita, que en 2015 controlaba casi la mitad de las empresas del país. Incluso hubo que esperar a 2011 para que operase en Laos un elemento característico del capitalismo, la Bolsa de valores. En China, donde puja el sector privado, las empresas estatales pueden representar aún un tercio del total.

En una serie de países de América Latina, a lo largo de las primeras décadas de este siglo, se puso en marcha el “socialismo del siglo XXI”. En Venezuela, por ejemplo, una serie de medidas legislativas llevaron a expropiar y nacionalizar empresas con inversión extranjera o nacional. Hubo preocupación por asegurar el salario mínimo de los trabajadores, elevar el gasto social y promover la diversificación de la actividad económica. Contestado por las potencias capitalistas, el sistema pretendía reparar la desigualdad social entre clases.

Principales Conflictos del Mundo Actual

  • Las guerras asolan territorios del Sahel y Oriente Próximo. La guerra civil en Siria, con intervención de potencias extranjeras, se desató en 2011. En 2023, se reactivó el conflicto árabe-israelí a raíz de los atentados de Hamás y la cruenta invasión de Gaza por el Estado de Israel. En Europa, sigue activa la guerra provocada por la invasión rusa de Ucrania (2022). En muchos países norteafricanos y del suroeste de Asia están enraizados los enfrentamientos bélicos.
  • Las fronteras entre el norte y el sur soportan grandes tensiones migratorias, como por ejemplo en el Río Grande. Miles de emigrantes mueren cada año en el Mediterráneo como consecuencia del deseo de la población subsahariana por alcanzar una vida mejor.
  • La represión étnica implica a grupos con costumbres contrarias a la mayoría dominante, tal y como acontece, por ejemplo, en el Sinkiang chino. Las diferencias son reprimidas en esta región de forma severa. La minoría musulmana de Sinkiang es vigilada como sospechosa de atentar contra la unidad del Estado.
  • El almacenamiento de residuos nucleares agota la vida en lugares de Polinesia. Un atolón de las islas Marshall guarda residuos nucleares de los ensayos atómicos norteamericanos de la Guerra Fría. Esta “tumba” generó el desplazamiento de poblaciones y el riesgo de expansión de la contaminación nuclear.
  • La competencia comercial repunta con proyectos de circunnavegación del Ártico y la revitalización de la medieval Ruta de la Seda. China la promueve para llegar por vía marítima o terrestre a los mercados europeos. La gran fábrica del mundo expande así su dominio comercial.
  • El cambio climático antropogénico exacerbará las migraciones climáticas y la lucha por recursos básicos como el agua. En el año 2050 podría haber más de 150 millones de personas refugiadas ambientales por fenómenos vinculados a inundaciones recurrentes o sequías devastadoras.

Los Estados

Un Estado comprende el territorio, la población y los órganos de gobierno, que incluyen las instituciones necesarias para ejercer el poder. Ese poder recibe el nombre de soberanía, y en los Estados democráticos es cedida por el pueblo al conjunto de representantes políticos que se eligen mediante elecciones libres.

Cada vez es más frecuente que los Estados pertenezcan a organizaciones supranacionales, donde se cede parte de esa soberanía a instituciones de ámbito internacional como pueden ser la UE (Unión Europea) o la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte). También pueden ser organizaciones dedicadas a la cooperación y la ayuda, como la ONU (Organización de las Naciones Unidas) y sus diversas facciones. En otros casos, los Estados pueden compartir o ceder parte del poder a nivel interno, fragmentándolo a través de estados federados, como es el caso de Estados Unidos o de Alemania, o también a través de comunidades autónomas (CC. AA.), como ocurre en España.

Si clasificamos los Estados según su jefatura, la máxima autoridad política, podemos distinguir entre monarquías y repúblicas.

Las Monarquías

En las monarquías, la cabeza del Estado es una única persona que accede al cargo de forma vitalicia, a quien normalmente se le denomina rey o reina. La forma más habitual de acceder al trono es heredando el cargo, como en el caso de la monarquía española, aunque también existen monarquías electivas: este sistema es muy común en Oriente Medio. En estos países es un Consejo el que elige al jefe o la jefa de Gobierno de entre un grupo de personas, normalmente de una misma familia, la real.

Las monarquías pueden tener o no limitaciones en cuanto al poder, pudiéndolas dividir en:

  • Absolutas: El rey o la reina tiene todos los poderes, no tiene limitaciones. Forma de gobierno típica de la Edad Moderna, desde el siglo XVII, pero que aún perdura en determinados países como los Emiratos Árabes Unidos.
  • Parlamentarias: El rey o la reina tiene limitado su poder por la Constitución y el Parlamento; reina, pero no gobierna, y sus funciones están determinadas en la Constitución. Es típico de las grandes monarquías europeas como el caso de España, Bélgica o el Reino Unido. Actualmente, el rey de España es Felipe VI, proclamado como tal en 2014, tras la abdicación de su padre, Juan Carlos I.

Las Repúblicas

En las repúblicas, la jefatura del Estado no es un cargo hereditario ni vitalicio, sino que se ejerce durante un período de tiempo determinado. Se distinguen entre:

  • Repúblicas Parlamentarias: La jefatura del Estado y la presidencia del Gobierno son dos cargos distintos, por lo que son ejercidos por personas diferentes. El jefe o la jefa del Estado ejerce funciones representativas, tiene la potestad para disolver el Parlamento de forma anticipada y convocar elecciones, ratifica las decisiones de la presidencia y nombra, entre otros, al presidente o presidenta del Gobierno, que elige el Parlamento. Algunos ejemplos serían Italia, Alemania, Canadá o Israel.
  • Repúblicas Presidencialistas: El jefe o la jefa del Estado y del Gobierno son la misma persona. En las elecciones se eligen los miembros del Parlamento y al jefe del Estado; dependiendo de la disposición del Parlamento, los dos poderes están delimitados y no pueden intervenir en las decisiones del otro. Países donde existe este sistema son: Estados Unidos, Argentina o Colombia.

Regímenes Políticos del Mundo Actual

Actualmente, los regímenes políticos se pueden agrupar en dos:

  • Los democráticos, presentes en la mayoría de los países desarrollados.
  • Los no democráticos, muy habituales en países empobrecidos o en vías de desarrollo.

La Democracia

El término democracia, etimológicamente, significa gobierno del pueblo. El origen de este sistema de gobierno hay que buscarlo en la Grecia clásica, en la Atenas de Pericles. Pero es desde el último cuarto del siglo XIX cuando va ganando fuerza e importancia, hasta convertirse en la forma de gobierno habitual de los países desarrollados. Se caracteriza por:

  • Soberanía nacional: el poder reside en el pueblo, que lo cede a sus representantes, los políticos que se eligen mediante sufragio universal en las distintas elecciones. Las elecciones periódicas son el reflejo de la voluntad del pueblo, del electorado, que elige representantes cediéndoles el poder. Hay distintos tipos de elecciones: nacionales, municipales o territoriales, europeas y referendos. El voto es libre, secreto y directo.
  • Principio de igualdad: todas las personas son iguales ante la ley y tienen los mismos derechos y obligaciones.
  • Separación de poderes en tres áreas diferenciadas:
    • Poder legislativo: Redacta, aprueba leyes y controla al Gobierno. Lo sustenta el Parlamento, que puede ser unicameral o bicameral. Este último es el caso de España, donde las Cortes (Congreso de los Diputados y Senado) ejercen dicho poder.
    • Poder ejecutivo: Lo forma el gobierno: el presidente o presidenta, vicepresidente o vicepresidenta y los ministros. Controla la Administración, dirige el país y hace cumplir las leyes elaboradas por el Parlamento, dirige la política exterior, recauda impuestos, garantiza la seguridad mediante la policía y el ejército, etc.
    • Poder judicial: Aplica las leyes e imparte justicia. Lo ostentan los jueces, las juezas, los magistrados y las magistradas.
  • Partidos políticos: Las diversas ideologías se manifiestan en organizaciones políticas, los partidos políticos, de donde serán elegidas las personas representantes. Existen democracias multipartidistas, como la española, con un número indefinido de partidos; o bipartidistas, como la estadounidense, donde las opciones políticas tienden a agruparse en dos.
  • Se reconocen y garantizan los derechos y libertades fundamentales.
  • En una democracia es fundamental una Constitución que regule todo el ordenamiento jurídico del Estado, cuyo contenido es de obligado cumplimiento. Es la ley básica, donde están recogidos los principios fundamentales que inspiran, pero también limitan, las demás leyes; ninguna ley puede ser contraria a la Constitución.

Estas democracias pueden estar consolidadas y ser estables, como las de los países de la Unión Europea, o no consolidadas, como por ejemplo la rusa, que se caracteriza por su poca estabilidad.

Regímenes No Democráticos

Este tipo de regímenes cuentan con las siguientes características:

  • El poder es ejercido por una persona o institución que no cuenta con el respaldo de la sociedad que dirige.
  • Los partidos políticos están prohibidos o se limitan a un único partido, el de la persona dirigente.
  • Los derechos fundamentales y las libertades no están garantizados.
  • No existe separación de poderes, no hay ningún tipo de control al Gobierno, incluso aunque exista un Parlamento.
  • Se gobierna buscando el beneficio de una minoría y no el bien común.
  • No hay igualdad ante la ley.

Entre estos regímenes no democráticos se encuentran las monarquías absolutas, los regímenes teocráticos, las dictaduras y los totalitarismos. También hay democracias que funcionan de forma irregular, no permitiéndose la pluralidad política y persiguiendo a la oposición.

La Constitución Española y la Organización Política

La historia constitucional española se remonta a la Guerra de la Independencia, cuando se promulga la primera constitución, “La Pepa”, en 1812; la Constitución más extensa, con 384 artículos. En ella se establecía en España la soberanía nacional, la separación de poderes y el sufragio universal masculino, ideas propias de un Estado liberal. Como curiosidad, cabe señalar que fue la tercera que se promulgó en el mundo, después de la de Estados Unidos (1787) y la francesa (1791).

A lo largo del siglo XIX, España aprobó distintas constituciones, algunas más progresistas y otras más conservadoras, según las ideologías políticas e ideológicas del momento en que se crearon.

La actual Constitución española de 1978 es el resultado de la política que surgió tras la muerte del dictador Francisco Franco. Todas las organizaciones políticas y sociales, además del nuevo jefe del Estado, el rey Juan Carlos I (elegido por Franco como su sucesor), trabajaron juntas para poder cambiar de régimen político y redactar una Constitución que rigiese, a partir de entonces, el ordenamiento jurídico de España; por eso se dice que fue consensuada.

Principales Características de la Constitución de 1978:

  1. Es una constitución liberal y avanzada, que define España como un Estado social, democrático y de derecho. Esto significa que se respetan los derechos democráticos de la ciudadanía y que se vela por el bienestar socioeconómico de la población.
  2. Reconoce los derechos y deberes fundamentales de todas las personas (Título I). Por eso se dice que es un Estado social.
  3. Establece un Estado democrático al otorgar derechos políticos a la ciudadanía. Proporciona las canales para organizar su participación y la representación de la voluntad popular a través de la elección de los miembros de las Cortes.
  4. Es un Estado de derecho al estar la Administración y la ciudadanía sujetas al cumplimiento del ordenamiento jurídico que se basa en la Constitución española.
  5. La forma política del Estado es la monarquía parlamentaria, donde el rey es el jefe de Estado.
  6. El poder reside en el pueblo, la llamada soberanía nacional, de donde emanan todos los poderes del Estado, que están divididos (legislativo, ejecutivo y judicial).
  7. Establece la organización territorial del Estado (Título VIII), reconociendo el derecho a la autonomía, dentro de una división territorial del Estado en tres niveles: Comunidades Autónomas, provincias y municipios.
  8. Establece los procedimientos para una posible reforma.
  9. Es muy extensa, de las más largas de Europa (cuenta con 169 artículos).

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